Que la pandemia ha transformado el mundo en el que vivimos no es ninguna novedad. Incluso en todo lo relacionado con el fraude, los ciberdelincuentes han adaptado sus modus operandi a la nueva situación. El teletrabajo ha abierto la puerta a nuevas amenazas desconocidas hasta la fecha, pero también el auge del comercio electrónico o el uso masivo de tarjetas de crédito en lugar de pagos en efectivo, han hecho que los criminales se froten las manos y que su negocio haya crecido exponencialmente en este último año.

Una vez analizados los datos sobre las estafas relacionadas con la COVID-19, sorprende observar que son las generaciones más jóvenes las más afectadas. Según un estudio llevado a cabo por TransUnion, el grupo de población que ha sufrido el mayor número de ataques utilizando estafas relacionadas con la pandemia han sido precisamente los Millennials y la Generación Z.

De forma global, las transacciones digitales sospechosas de fraude crecieron un 5% en los primeros meses de confinamiento, superando el centenar de millones sobre todo en el sector de las telecomunicaciones, en el comercio electrónico y en servicios financieros. Por el contrario, el uso de juegos online creció un 64% pero el fraude relativo descendió porque se trata de un área menos lucrativa para los ciberdelincuentes.

En lo que se refiere a los grupos de edad es donde nos encontramos con la situación tal vez más sorprendente. Generalmente se asume que los criminales buscan entre sus víctimas a personas de mayor edad que tienen una menor conciencia sobre la ciberseguridad y menor conocimiento sobre tecnología o potenciales amenazas. Sin embargo, durante la pandemia, tanto los Millennials (nacidos a partir de 1980) como, sobre todo, la denominada Generación Z (nacidos alrededor de 1995) fueron los más afectados por transacciones fraudulentas. De hecho, hasta el 48% de los encuestados dentro de la Generación Z y un 46% de Millennials  afirmaron haber sido víctimas de un fraude, frente a ‘tan solo’ un 23% de los mayores de 40 años. Afortunadamente, entre los Millennials, el 28% de las víctimas se dio cuenta antes de caer en las redes de los ciberdelincuentes, mientras que dentro del grupo de la Generación Z fue un 30% el que supo reaccionar a tiempo. Entre los fraudes más sufridos por estos jóvenes se encuentran la suplantación de identidad o incluso el robo de cuentas desde las que se realizan transacciones.

Por tipos, el 73% del fraude se corresponde con la manipulación de justificantes de ingresos, un aspecto que afecta principalmente a los clientes con un rango de edad comprendida entre los 25 y los 35 años. Por su parte, al rango siguiente (a los clientes con edades comprendidas entre los 35 y los 45 años), el fraude que más les ha afectado durante la pandemia ha sido el de la manipulación del documento de identidad, seguido de la suplantación de identidad. Tal y como muestran los datos de TransUnion, existe una clara relación entre edades y fraude para determinados productos. Por ejemplo, en la distribución del total del fraude declarado por edades para la financiación vehículos, que ha tenido una especial relevancia este mes tanto en crecimiento de solicitudes aportadas como en fraude, sobresalen precisamente los grupos de 25 a 35 años (con un 29,1% del fraude total) y de 35 a 45 años (con un 28,38% del fraude total).

Todo ello a pesar de que, según los datos del estudio de TransUnion, más del 57% de los que forman la Generación Z y más del 52% de los Millennials se muestran preocupados y concienciados por la seguridad. Además, este último grupo de personas es el que más ha estado sufriendo financieramente durante la pandemia debido a que suele dedicarse a trabajos en los que se precisa la presencia física en un momento en el que el confinamiento provocó el cierre de cualquier servicio no básico.

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director comercial de TransUnion

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